Esta mañana desperté y ahí estabas. Dormido, con tu preciosa sonrisa enamorada (que quiero pensar que es por haber dormido conmigo) y tus rulitos caían sobre la almohada de una manera tan preciosa, que me dieron celos de la tonta almohada y empecé a acariciarlos.
Y pensaba en cuanto te amo y en lo grandioso que es despertar junto a ti.
Te llené de besos, me levanté y me bañé. Y luego, desnuda y con la piel aún húmeda, volví a tu lado, a seguir contemplando lo precioso que te ves dormido y feliz. Me encanta sentir nuestras pieles juntas fundidas en una sola hermosa palidez.
Pero bueno, debía salir a trabajar, así que me empecé a vestir, a arreglar un poco la cama, a peinarme (o bueno, algo parecido), y en fin. Todas esas cosas.
No dejaba de acercarme a verte sonreír o a susurrarte que te amo, porque daban ganas de quedarse a vivir ahí, junto a ti.
Al final, terminé todo, te di un beso colmado de amor y me despedí. Acaricié por última vez en esta mañana tu rostro, te miré como solo pueden mirarse las cosas más amadas y salí de casa.
Amo despertar junto a ti.
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