I
Este poema lo escribo con tinta, como se escriben los poemas que te dejan sin aliento.
Quiero hacerte la dueña de mis poemas, mi musa: la que se viste para mí y para mí se desnuda.
La que para mí poza.
La que para mí suda.
La que para mí suda.
Tu belleza es una fruta dulce, y quiero beber tu jugo.
Empapar mis labios y mi barba del sabor de tu desnudez.
Ser el primer y único hombre que te haga ir más allá de tu timidez.
Empapar mis labios y mi barba del sabor de tu desnudez.
Ser el primer y único hombre que te haga ir más allá de tu timidez.
Conmigo puedes hacer todo lo que con cualquiera que no sea yo, sería impensable; porque soy tuyo, tan tuyo que somos uno, y por esa misma razón, porque soy tuyo, mis lágrimas de debilidad sólo las conoces tú, ya que mis lágrimas de felicidad son de la vida, pero mi refugio del dolor eres tú.
Ya casi muere abril
pero en nuestra historia, este poema hará arder la primavera.
pero en nuestra historia, este poema hará arder la primavera.
Cuando te desnudas para mí, mi corazón late fuerte, y el tiempo se ensordece; cuando dices que eres mía, todo lo demás deja de existir
La luz del artardecer entra por la ventana, moviendo las sombras, así es el poder que tienes tú: pasas como el atardecer sobre mi vida, removiendo toda sombra.
II
Tus pezones arden como una hoguera interminable.
Verlos es ver una llama tatuada, que al mirar se incendia mi pacífico bosque, y todo se vuelve fuego y deseo.
Verlos es ver una llama tatuada, que al mirar se incendia mi pacífico bosque, y todo se vuelve fuego y deseo.
Me tienes, soy tuyo ¿quién podría haberte escrito poemas durante un año y medio esperando por este momento para escribir un poema al ver tus senos?
Mi amor puede parecer posesivo y egoísta.
Pero yo estoy obsesionado contigo
y tú me perteneces.
Quien te mire ve algo que es más mío que tuyo.
Pero yo estoy obsesionado contigo
y tú me perteneces.
Quien te mire ve algo que es más mío que tuyo.
Uno puedo amar a cualquiera, pero dueño es sólo uno.
Y tú dueño soy yo.
Y tú dueño soy yo.
III
Me encanta lamer el lunar en tu abdomen y luego bajar a tu sexo.
Contemplo tu piel pálida como la luna, y siento que el tiempo es todo lo que deja de ser cuando me hallo poseído por el encanto que tienen esas curvas que se hallan como dos orillas entre el espacio que separa tus senos. Y subo hasta esas dos colinas blancas para contemplar la vida, y siento un vértigo de placer inmenso y de ganas de verte y volverte a poseer una y otra y otra vez.
IV
Junto a mí hay un árbol lleno de verde y amarillo, y las abejas violan sus flores, las devoran con ansiedad y demencia, los pétalos caen hermosamente sin cesar, como una lluvia de posesión consumada. Es una caída lenta y hermosa, breve y sin fin.
Eres mi árbol, y quiero cada una de tus flores.
Y las quiero sólo para mí, y mientras más te bebo, más crece mi sed de ti.
V
Tu boca es tan pequeña cuando se cierra porque estás excitada.
Se ve dimínuta, y me arrastra a lo más profundo de tu precioso rostro.
Tus cabellos caen honduladamente sobre la piel que me pertenece tanto como cada uno de tus cabellos.
Quiero que a partir de ahora, cada una de tus fotos, lleve mis poemas.
¡Eres mía, eres mía, eres mía, y lo proclamo y lo grito a fuerza de poemas: sólo a mí me perteneces!
Vivir sin ser tu dueño no es vida.
Veo un arbusto verde con flores rosadas, y siento que así es mi pensamiento cuando digo que soy tuyo. Como si mi verde interior se llenara de tu rosada primavera.
Y veo un verde arbusto con flores rojas, y siento que así se moja mi alma cuando dices que eres mía.
Porque poseerte es mi punto débil, mi razón de vida.
Eres la hoya de oro al final del arcoíris.
Eres la hoya de oro al final del arcoíris.
Comentarios
Publicar un comentario